PARUSÍA, LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
«Las Sagradas Letras
atestiguan que son dos las venidas del Hijo de Dios: la una, cuando por nuestra
salvación tomó carne y se hizo hombre en el seno de la Virgen; y la otra,
cuando al fin del mundo, vendrá a juzgar a todos los hombres”. Toda la
predicación de Jesús se centra en la llegada del Reino de Dios, un mundo nuevo,
distinto al que conocemos, tan marcado por la casi omnipotente presencia del mal.
Un reino «eterno y universal; un reino de la verdad y la vida; el reino de la
santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz». Un Reino que
comienza humilde y oculto pero que se desarrollara en el tiempo[3]
hasta convertirse en «la morada de Dios con los hombres. El habitará con ellos
y ellos serán su pueblo, y el Dios-con-ellos será su Dios.
🙌Los primeros cristianos vivieron en la expectación inminente; es decir, el fin estaba muy cercano un fuerte cambio "Os decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos, los que quedemos hasta la parusía del Señor no nos adelantaremos a los que murieron." I Tesalonicenses, 4, 15. Entonces surgen estas preguntas con base en lo vivido por los tesalonicenses ¿Qué ocurrirá con los cristianos que ya han muerto? ¿No tendrán parte en la parusía del Señor? A esos interrogantes les responde Pablo: "Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús. Os decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron. El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras." I Tesalonicenses, 4 13-18.
Cristo vendrá, volverá de la
misma manera: "«Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha
sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al
cielo.»" Hechos, 1, 11, eso quiere decir en la comunidad (koinonia), allí
lo verán: "Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo
espíritu" Hechos, 1, 14. Ahora
bien, en esas pequeñas comunidades toma fuerza la palabra de Jesús “Aquel día”
en que el Señor viene se cumple todos los días, Juan 14, 20, con la experiencia
del Espíritu Santo.
Ya entonces, Pedro y Pablo alertaron
contra esta desviación que llevaba a algunos a no ocuparse de las tareas de
esta vida por vivir pendiente de la otra: «Si alguno no quiere trabajar, que
tampoco coma»2 Ts 3, 10. Y Pedro, a los impacientes, les decía: «Carísimos, no
se os oculte una cosa: un día ante Dios es como mil años, y mil años como un
día», 2 Pedro 3, 8.
Ya ahora llega la llamada
definitiva del Hijo de Dios, que llama a los muertos a la vida: "En
verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos
oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán." Juan, 5, 25.
Entonces, la parusía es también una consumación del mundo que está por llegar:
“ultimo día” Juan 6, 39s-54. En el futuro: llegará el día en que Cristo domine:
el reino de Dios. La hora es el presente en ir al encuentro diario de Cristo,
practicando el amor al prójimo y asistiendo en la Eucaristía [4].
Es el encuentro con el propio
Cristo, con quien al final nos encontraremos cara a cara, esa es la parusía
donde convierte el presente en el comienzo de la consumación esperada. El
triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte, que se manifiesta en su propia
Resurrección y Ascensión a los cielos, se comunica a los hombres ya ahora
incoadamente en la gracia (v. GRACIA; JUSTIFICACIÓN) hasta acabar de manifestar
todas sus virtualidades cuando la historia presente alcance su consumación
definitiva. Por eso el hombre es librado
del pecado y constituido en hijo de Dios (v. FILIACIÓN DIVINA).
Pablo a los Corintios dice que
el mayor premio que reciben quienes creen en Él, es una corona que no se
marchita o incorruptible y los invita a privarse de todo: “¿No sabéis que en
las carreras del estadio todos corren, más uno solo recibe el premio? ¡Corred
de manera que lo consigáis!", I Corintios, 9,24. Con la fe en la parusía
de Cristo el mayor premio.
Pablo: «Si lo que se desvanece
(es decir, la alianza del Antiguo Testamento) fue glorioso, cuanto más lo será
lo que permanece (es decir, la nueva alianza con Dios en Cristo). En sus cartas
paulinas continuamente nos exhorta a vivir de acuerdo a la fe en Cristo ante su
inminente regreso de la predicación y de la fe, pero también de los sacramentos
y de la gracia es «el momento de la lealtad a Dios» (Escrivá de
Balaguer). Los evangelistas Mateo y Lucas presentan a Juan Bautista como un
predicador penitencial, enteramente obsesionado por la idea del juicio
inminente (Mt 3, 10.12) de Dios.
El Catecismo de la Iglesia
enseña: «Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la Gloria es inminente
(cf Ap 22, 20), aun cuando a nosotros no se nos ha dado conocer el tiempo y el momento
que ha fijado el Padre con su autoridad (Hch 1, 7; cf. Mc 13, 32). Este
advenimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf Mt 24, 44;
1 Te 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder
estén retenidos en las manos de Dios (cf 2 Te 2, 3-12)»[5].
🌿La esperanza en la vuelta del Señor no trivializa las realidades de este mundo en el sentido de desinteresarse por ellas, sino que representa una llamada a la vigilancia y a la responsabilidad, puesto que la otra vida para nosotros dependerá, en parte, de lo en serio que nos hayamos tomado esta vida.




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